Aquel desconocido, el que estaba sentado en el rincón de la cafetería, no dejaba de mirarme. Estaba solo ante una mesa despejada, con las manos reposando una sobre la otra y la espalda enderezada. Me observaba tranquilo pero alerta, con la obsesiva fijación de quien aguarda un acontecimiento crucial que pudiera ser fugaz. Su vigilancia…
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